Dos niñas morenas, sucias, con sus ropas desgarradas, sus zapatos de variast tallas más grandes, sus ojos bondadosos e inocentes. Corrían y corrían con un pan en la mano cómo si de ello les fuera la vida, y de lejos el panadero inmóvil, mirándolas sin decir nada con ojos tristes y acostumbrado ya al robo de esas pobres, desgraciadas e inocentes niñas. Su mirada las sigió hasta la esquina dónde las perdió de vista, en el momento justo en que se deslizaron unas lágrimas salidas de la impótencia y la pena que sentía hacia aquellas dos criaturas.
Las dos niñas no pararon hasta llegar a un barrio en el que abundaban las chozas, las barracas, los escombros... y la limpieza no estaba a la orden del día. En ese lugar todos eran como ellas, sucios, pobres y desgraciados. Entraron en una de las chozas más inestables y destrozada que se hallaba en ese oscuro barrio. Allí las esperaban tres hermanos hambrientos de pocos meses de edad, y una mujer echada en la cama llena de magulladuras, que apenas podía moverse a causa de la gran paliza que recibió de su marido, el padre de las niñas, la noche anterior. La mujer parecía rodear los 40 años aunque verdaderamente tenía solamente 23, pero la dura vida que le había tocado y las incontables palizas que había recibido la habían envejecido notablemente tanto por dentro como por fuera. La paliza del día anterior fue una de las peores que había recibido, y la causa había sido, según las propias palabras de su alcohólico marido, "´Lo hago por tí, porque te quiero y te lo mereces". Pero esta vez se le había ido la mano, la mujer había pasado toda la noche sangrando y por la mañana sus ojos ya se habían quedado en blanco.
El aspecto de los cinco hermanos era totalmente penoso, estaban totalmente débiles y secos. Las dos niñas, que tenían ocho años, repartieron el pan entre sus hermanos. Guaradaron uno de los trozos para su querida madre, y las dos se desplazaron rápidamente hacia dónde ella se encontraba, intentaron despertarla sin obtener respuesta, siguieron así varias horas hasta que se dieron cuenta que su pobre madre ya no se levantaría jamás. Su padre esta vez había conseguido matarla.
Ahora se sentían más desprotegidad que nunca, ya que su madre las protegía cuando el alcohol se apoderaba de su padre y pretendía pagarlo con los pequeños niños, y ella se llevaba todas la palizas para que hiciera el menor daño a sus hijos.
Ahora ya nadie los protegería, las próximas serían ellas, pero no tenían otra salida, no podían aspirar a nada más, no tenían nada para salir adelante fuera de esa chpza, nadie las iba a ayudar, debían agunatar hasta que alguien las salvara de ese veradreo infierno o hasta que su padre las llevara junto a su madrey así poder vivir a salvo.
Cogieron a sus ters hermanos indefensos y se escondieron atemorizadas bajo la cma a esperar el regreso de su padre para pasar desapercibidas y con la esperanza que algún día no volviera.